Máxima competición

Cuando compites al máximo nivel en cualquier modalidad deportiva se asumen muchos riesgos de los que a veces no se es del todo consciente.
Físicamente, tienes que tener una enorme preparación para no bajar el ritmo durante el tiempo que dura la competición: de nada sirve salir a comerse el mundo en los primeros minutos si al poco tiempo vas a estar como alma en pena por la pista; pero tampoco es útil salir con el ánimo derrotado y apretar en los últimos compases de la competición.
En deportes individuales, en los que compites cuerpo a cuerpo tienes que ser más rápido, más fuerte y más listo que tu oponente pero no creértelo. En el momento en el que te crees superior a tu contrario bajas la guardia y estás vendido.
A nivel psicológico, el más importante en muchos deportes, tienes que estar mucho mejor preparado. Tienes que saber ganar, porque alguna vez te tocará perder y seguro que querrás que sea lo menos doloroso y humillante posible. Tienes que saber perder con cierta dignidad; lo que se llama “caer con estilo”. Ante todo hay que ser elegante con quien te ha derrotado; a menudo perdemos la razón con la forma en la que hacemos las cosas.
Sobre todo, mucho más importante que lo físico y lo psicológico, es lo personal. El “amor propio” que algunos llaman orgullo. Hay que tenerlo y hay que saber tragárselo cuando es necesario o, mejor dicho, cuando no es necesario. Hay que saber cuando sobras y creo, que en este caso, llegó mi turno. O no…

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