Fuera de ruta

A todos nos llega un día en el que nos sentamos a pensar en dónde estamos, por dónde hemos venido y a dónde queremos ir. Lo malo de este camino es que es completamente subjetivo. No hay carteles que nos indiquen cuál es la próxima salida, ni señales que nos digan lo que nos queda para llegar al destino ni GPS que valga.
Es un camino en el que estamos a pelo. Tenemos que fiarnos de nuestro instinto y eso, a veces, es muy complicado. No hay técnicos que nos revisen la brújula cuando se estropea ni mapas que nos digan que nos hemos salido del camino. Te equivocas y te equivocas, no hay más. Empiezas tu camino en el centro de una gran ciudad; como te despistes acabas al borde de un precipicio, como te descuides un poco más te vas al fondo de la grieta y a ver quien es el guapo que va a buscarte a un sitio en al que no sabes cómo has llegado.
Probaré llamando al 112, a ver si ellos saben por dónde me ando. ¡Mierda! Estoy sin batería

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