Flores en la carretera, no gracias.

Últimamente se me encoge el corazón con relativa facilidad y encima me da igual que los demás lo vean. Creo que se me ha roto la coraza y ya no me importa lo que la gente piense de mi.
Noticias como la muerte de Oliver Voisin en Siria lo parten directamente, pero me hacen darme cuenta de dos cosas:

1. La cantidad de “locos” que se la juega un día tras otro de forma anónima para contarnos lo que está pasando en el mundo.

2. La gente a la que QUIERO de verdad aunque no se lo diga con frecuencia, que son los que pasan por mi cabeza ante noticias como esta. Hubo una época en la que aspiraba a ser uno de estos locos, pero el miedo a romper una familia, un proyecto, una ilusión o una amistad es el que poco a poco me ha quitado la idea de la cabeza.

Al igual que no me apetece que ninguna de estas personas tenga que llevar un ramo de flores al kilómetro X de la carretera Y, me negué a que tuvieran que recibir una llamada informando de que un niño-bomba me había explotado en las narices en una calle que posiblemente no venga en los mapas o de un mal porrazo en Madrid. Porque tal y como están las cosas con los antidisturbios, no me apetece llevarme ni un pelotazo ni una patada más.
No quiero que nadie le joda la vida a “los míos” llevándose la mía por delante.

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Flores en la carretera, no gracias.